¡ERES LO QUE COMES!

No hay duda de que lo que metemos en nuestro cuerpo puede afectar profundamente a nuestra salud. Lo que ponemos en nuestra boca y en nuestro sistema digestivo a la larga acaba convirtiéndose en lo que somos. Lo que comemos proporciona el combustible y la materia prima que nuestro cuerpo necesita para mantenerse y repararse a sí mismo.Por eso lo que comemos es tan importante para nuestra capacidad de sanar y recuperarnos de una lesión.Y por eso te conviene evitar todo lo posible los alimentos procesados que contienen un sinnúmero de aditivos diseñados para extender su vida útil y mejorar la rentabilidad. Los alimentos procesados contienen a menudo compuestos que no se encuentran en la naturaleza, tales como el butilhidroxitolueno, el estearoil lactilato de sodio y la azodicarbonamida.Estos y otros incontables productos químicos destinados a espesar salsas, conservar los colores o estabilizar el producto, se encuentran en muchos artículos de los pasillos interiores de tu supermercado favorito.¿La solución? Evita muchos de estos compuestos químicos haciendo la mayor parte de tu compra alrededor del perímetro del supermercado, empezando con los productos frescos. Fresco, perecedero, real y bueno para ti.

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